Teatro subterráneo

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La experiencia profunda, como los ríos subterráneos, es mucho más sutil que su homóloga la experiencia evidente. A veces conviene fijarse en ella. Es mucho más difícil, claro, y no pasa bien por los filtros de las redes sociales, no le hace justicia lo inmediato y requiere una lectura atenta. O un visionado lento. O una escritura elegante, sin faltas de ortografía, aunque se admite cierto grado de engolamiento. Al fin y al cabo esto no deja de ser un teatro. O eres actor o espectador. O haces o atiendes. O todo lo contrario.

Permitido brindar con champán en las trincheras. Si no hay alegría y música no es La Revolución. Si la literatura no lo invade todo, desbordándose sobre sí misma, tampoco es una revuelta digna de ser mencionada. Proponemos brindar, por ejemplo, por la fuerza impresionante de las energías sutiles.

Vamos a divertirnos. De qué sirve, si no, disponer de un espacio que nos acerque a todos, juntos, hombro con hombro, un poco incómodos los asientos para no olvidar que somos un lugar modesto, muy diferente a otros teatros, a las grandes superficies, que también viven como pueden pero hacen otra cosa muy distinta a lo que aquí nos traemos entre manos. Venimos a experimentar, a disfrutar ejerciendo la cultura.

Que todo esto nos puede durar dos días es probable. Pero, joder, menudos dos días. Fueron dos o serán solo dos más, pero tan intensos que nos van a parecer una vida condensada en un teatro independiente con dos pequeñas salas de exhibición y un bar restaurante, una esquina del mundo, en una calle por donde nunca pasa nadie si no es porque viene buscando la experiencia profunda, la sutil y subterránea, la que vale mucho más que el precio de la entrada que cobramos. Venimos a pensar. A enfadarnos. A reírnos. A opinar. Estamos aquí para amar el teatro. Calle Mancebos, 4. Off Latina.

Roberto Terán

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